MADRE
Callados los pájaros en el embalaje de mi esencia,
auroras, incestos de enclenques vigilias,
noches, lágrimas narcóticas.
Ya no me esperas,
no hay carillones ni pavores,
ni espacios, ni plazos.
Tus manos plisadas, dóciles como el lino,
añoran las mías.
Tus ojos, latidos de cielo de septiembre,
destierran los míos.
Tu amor, hilo infinito de mi hilván,
tu risa, tierra húmeda
que se anega de yemas.
Dolor, siega
la cosecha,
el hórreo.
Vientre de mi entelequia,
pecho de mi sed,
plagiario de mi sufrimiento.
Tu último latido
fue el mío,
mi tránsito.
Etelos