Te vi un instante, tan fugaz que no recuerdo verte,
Te miré de reojo, para no traicionar al olvido.
Te sentí cerca y, al girar, ya no estabas al norte.
Los pies rebosados de albero,
compartiendo el ruedo de la vida,
la cabeza invadida por el corazón,
el amor, una estrella fugaz en el cielo.
Despiertas el olvido dormido,
abres las alcantarillas del vacío,
estrujas la esponja de lágrimas,
y agitas dolor y alegría.
Te has cortado el pelo,
viento donde enmarañaba mis dedos,
y tu boca ha olvidado
bramar mi nombre.
Tu tendido no es el mío,
tu trapío cambió el destino,
y aquí estoy, sentado en sol,
esperando que tus ojos
algún día me hagan sombra.
Etelos
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